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Entrevista al director de Kubo y las dos cuerdas mágicas

Kubo y las dos cuerdas mágicas, de Universal Pictures Spain, ya está en cines. Y es una pequeña joya. Su director ha hablado sobre ella con Blastr [Extracto].

Autor: Tara Bennett


A día de hoy, en el ámbito de la cultura y los negocios en Hollywood, las secuelas y los remakes son los reyes. Y lo que hace LAIKA Studios es nadar a contracorriente como un salmón noruego. Durante la última década, han producido cuatro películas basadas en historias originales con la técnica casi-analógica de animación del stop-motion. LAIKA no rompe sólo esta tendencia, rompe todas las tendencias. Aun así, con cada película, continúan superándose a sí mismos visual, narrativa y emocionalmente.

Su última, Kubo y las dos cuerdas mágicas, es la culminación de diez años que merecen totalmente la pena por su historia y su sabia técnica, aplicadas a una emotiva película que cuenta una historia sobre el viaje de un héroe, acción de samuráis japoneses y una profunda reflexión personal sobre el dolor, la pérdida y crecer en un mundo violento que quiere arrancarnos toda la compasión. El director y CEO de LAIKA Travis Knight, habla en exclusiva para nuestros compañeros de Blastr.com sobre cómo ha crecido la compañía y se ha convertido en una verdadera productora independiente comprometida con preservar y mejorar la técnica del stop-motion con integridad, honor y corazón.

Después de hacer tres películas basadas en diferentes situaciones sobre cómo ser un niño en un momento de cambio, ¿sabías que tu cuarta historia iría también sobre un viaje en la infancia?

Es interesante, porque estas cosas requieren mucho tiempo. Este proyecto estuvo en desarrollo durante cinco años, así que en esos primeros momentos del proceso, en realidad en lo que te centras es en qué es la historia, quiénes son los personajes, qué son las grandes ideas que puede soportar la arquitectura de la película, y después ¿qué aspectos sobre tu propia vida estás introduciendo para darle mayor significado y resonancia? En los primeros momentos del proceso, podría pasar cualquier cosa y tienes que intentar controlar los diferentes caminos que puede tomar. En algún momento, empieza a burbujear. Buscas ver la escultura dentro de la piedra y cuál es el punto de vista que tiene esta historia sobre el mundo.

¿Cómo surgió entonces la historia de Kubo?

La idea original vino de nuestro brillante diseñador de personajes, Shannon Tindle, con el que trabajé hace años en Coraline. Fue uno de las diseñadores de personajes clave, y mantuvimos el contacto años después. Pero hace cinco años, me llamó con un puñado de ideas que quería comentarme que podrían convertirse en películas decentes. Nos vimos en un pobremente iluminado restaurante escocés con paredes recubiertas de estampados de cuadros mientras comíamos pudding de Yorkshire y pastel de carne. Shannon me comentó varias ideas  y hubo una en particular que me caló muy hondo, mucho más que la comida, y esa fue la idea que se convertiría en Kubo y las dos cuerdas mágicas.

¿Qué te gustó sobre lo que te contó?

Incluso cuando aún estaba en un estado muy primitivo, tenía algo muy emocionante, la historia en stop-motion de un épico samurái, algo que nunca habíamos visto antes. Entonces te empiezas a preguntar, ¿cuál es el punto de vista de esta historia? Nos surgían muchas ideas, pero prácticamente acabábamos desechando todas. Esta me gustó en especial porque cuando era niño, era un fan obsesivo de las grandes películas de fantasía épica. Fue casi como si estuviera en mi código genético, porque cuando mi madre estaba embarazada de mí, leyó El Señor de los Anillos de Tokien. Uno de los grandes regalos que me dio fue el amor por la fantasía. Ella me leía estas historias y las adoraba. Por su parte, mi padre me dio un regalo muy diferente, pero uno que fue igual de importante. Cuando tenía ocho años, me llevó con él a uno de sus viajes de negocios a Japón. Crecí en Portland, Oregon. Nunca había experimentado nada como aquello, fue tan bonito e impresionante… Todo, desde el arte, la arquitectura, la comida o el  estilo de vestir, la música, las películas y los cómics eran diferentes y yo quedé totalmente cautivado. Esa experiencia me cambió. Fue el principio de un amor para toda la vida con esta cultura tan bella. Esta película ofrecía la oportunidad de hacer una película que unía el amor por la fantasía de mi madre y el amor por el transcendente arte de Japón de mi padre, unidos en una historia sobre un poderoso amor familiar. Es sin duda una película sobre familia inspirada por la familia.

¿Cómo has sido capaz de mantener el stop-motion vivo en una cultura e industria que tiene la animación por ordenador por todas partes?

Cuando empezamos hace diez años, todo eso iba junto. Muchos de nosotros hemos estado trabajando en stop-motion en una gran parte de nuestras vidas. Nos encanta el medio y sus posibilidades, aunque como industria las cosas vayan hacia otra dirección. En los 90, vimos el ascenso de los ordenadores. Podían hacer todo lo que nosotros hacemos pero mejor, con mayor precisión. Eran mejores para los efectos especiales, la animación y en la acción real. Había muchos aspectos que no podíamos completar. El stop-motion estaba moribundo así que teníamos que averiguar cómo justificar nuestra existencia. Nuestra solución fue acercarnos al responsable de nuestra caída: la máquina infernal que estaba poniendo en peligro nuestro sustento. Reconocimos que era una herramienta para contar historias. Así que si conseguíamos una convergencia de arte, trabajo manual y tecnología y batirlo todo junto con estilo, podríamos contar historias de una nueva e interesante forma para revigorizar el medio.

Supongo entonces que crear a mano cada segundo de una película significa que más te vale amar la historia en la que estás trabajando ¿no?

Si te vas a dedicar tanto a algo, tiene que significar algo para ti y te tiene que importar. Por eso hacemos esto. Nos encanta lo que hacemos.

Kubo es tu primera título como director en LAIKA. ¿Qué secuencia te dio más miedo en lo que a ejecución se refiere?

Todas [risas]. Todas fueron difíciles. Claramente, las partes más espectaculares son las que suponen un mayor reto. No teníamos ninguna idea de cómo hacer una enorme tormenta en el mar, con una gran batalla y una fotografía de locura. Tenemos estos enormes monstruos mitológicos, incluyendo un esqueleto que medía tres metros. Era un set móvil. Pero, por el hecho de haber mantenido nuestro equipo creativo durante 10 años, hemos tomado todas las novedades técnicas que artísticas que han ocurrido en nuestras películas y las hemos aplicado a la nueva. Pero Kubo es lo más ambicioso que hemos hecho. La parte espectacular era difícil, pero tal vez era más importante capturar los momentos pequeños e íntimos. Tienes a dos personajes que hablan y conectan y puedes sentir sus emociones, su alegría y su dolor, sus aspiraciones y sus sueños. Son pequeñas creaciones de acero y silicona, de tela y plástico. Si no eres capaz de creer que son cosas vivas la película no funciona a nivel emocional. Había que asegurarse de que los momentos bonitos de cercanía entre los personajes funcionasen y tuviesen matives. No hubo nada que no fuese difícil, pero estoy muy orgulloso del resultado.

Kubo y las dos cuerdas mágicas se estrena en España hoy 26 de agosto en cines. ¡No te la pierdas!


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